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Editorial : CONSTRUIR CIUDADANIA ES EL RETO

 

Puede parecer inútil y hasta ingenuo que desde esta tribuna sigamos insistiendo en la importancia de informar y orientar al ciudadano para que pueda no solo hacer valer sus derechos, sino ante todo, para que pueda comprender que en el respeto primigenio al derecho ajeno, (el que solo existe si lo reconocemos cumpliendo con nuestro deber personal), se cultiva eso que llamamos “cultura democrática”.

Sin ciudadanos informados y formados no hay democracia en la vida cotidiana y en el conjunto de las relaciones sociales, económicas y políticas que se entablan en la sociedad. Sin ciudadanos actuantes, ningún colectivo de referencia, sea éste el de una comunidad u organización, el de un municipio, una región o un país, tiene futuro distinto al de perecer. Los ciudadanos informados y formados se convierten entonces en actores, en potenciadores de procesos democráticos incluyentes, en frentes de contención de irregularidades y abusos cotidianos y estructurales, originados desde el vecindario, el habitante común o desde las autoridades públicas y privadas.

El ejercicio de la ciudadanía no se hace efectivo participando en declaraciones publicitarias y emocionales, en campañas mediáticas, en convocatorias masivas al gregarismo de la masa humana, en fiestas y convites ocasionales que se nos preparan para hacernos sentir en compañía. La ciudadanía es una actitud que se aprende y que se incuba desde la cuna, pasando por la familia, por la escuela, por el vecindario, por nuestro entorno social y por la influencia de los medios de comunicación.

Sentirse y actuar como ciudadano es sentirse parte de una familia y de un hogar común, que es la sociedad en la que se vive, en el que existen reglas de juego que deben respetarse y hacerse respetar, expectativas comunes que deben atenderse y exigencias morales de cuidado y atención a los menores y a los más débiles del grupo, así como mecanismos de resolución de conflictos, de sanción de los abusos e irregularidades y de promoción de los méritos y ejemplos demostrativos que contribuyen a fortalecer eso que se llama la moral colectiva y el bien común.

Son estas razones las que nos inspiran como medio de comunicación. Estas son las razones por las que invitamos a nuestros televidentes e internautas a construir una comunidad audiovisual y cibernética que esté interesada en expresarse con respeto y con cordura, con inteligencia y con independencia, con valor civil y con buena salud de espíritu, para entre todos, recorrer el camino sin fin de la construcción social de referentes, de sentido, de estímulos educativos y culturales para hacer de la tierra en la que vivimos, un lugar y un espacio de convivencia sana y de promoción de oportunidades.

A riesgo de ser reiterativos, invitamos a construir comunidad, ciudad, región y país, reconociendo el mérito a quien lo tiene, abandonando la trampa, el oportunismo y el abuso del poder público o privado, comunitario o mediático; además descartando el discurso populista del igualitarismo, potenciando en cambio el derecho a partidores iguales de salud, nutrición y educación básicas,

como condición necesaria para que cada quien explore, desarrolle y potencie lo mejor de sí mismo en la sociedad en la que vive.

JOSE ALBERTO TEJADA E.

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