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En la mente de los corruptos

Fuente: Kienyke

La alta probabilidad de no ser castigados, la facilidad de actuar dentro de sus círculos sociales, el intercambio de favores y la ambición por el poder son las grandes motivaciones de algunos funcionarios para convertirse en corruptos.

En Colombia ellos abundan. Así lo concluye el Índice de Percepción de Corrupción (IPC) que difunde cada año, desde 1995, la ONG Transparencia Internacional. En este informe el país no ha logrado un puntaje positivo y 2016 no es la excepción. Esta vez fue calificado con 37 sobre 100 y cayó del puesto 83 al 90, dentro de 176 países calificados, siendo el 176 el peor.

Si bien existen esfuerzos por darle la batalla a este fenómeno, esta herramienta visibiliza que la gestión pública en sus tres poderes (Ejecutivo, Legislativo y Judicial) sigue permeada de sobornos y triquiñuelas.

¿Por qué persiste? Llama la atención de cualquier ciudadano saber qué pasa por la cabeza de una persona que es capaz de robarse los recursos públicos, de hacer sobornos para favorecer contratistas o dejar a una población sin salud ni educación.

Para darle respuesta a este interrogante que quizás usted se ha planteado en varias oportunidades, Kienyke.com consultó a Andrés Hernández, codirector ejecutivo encargado de Transparencia por Colombia, quien describe cuatro puntos básicos que tienen en cuenta los corruptos a la hora de ejecutar sus “negocios” ilícitos.

El juego sucio de los corruptos en Colombia

Poder

Recientes escándalos de corrupción como el del conglomerado brasileño Odebrecht, el de la Refinería de Cartagena -Reficar- y el del desfalco a la salud que involucra a Saludcoop reiteran la existencia de redes de corrupción que vinculan empresas, líderes políticos y servidores públicos para abusar, primero de la trascendencia de sus cargos y después del erario.

“Se ha hablado muchas veces de que el poder corrompe y absolutamente es así. Busca evitar sanciones y por eso no se puede bajar la guardia. Frente a estas dimensiones, lo que venimos haciendo en Colombia debe ser complementado con investigaciones más urgentes y ejemplarizantes”, dice Hernández.

Favores

En este punto cabe traer a colación la popular frase ‘favor se paga con favor’. Según el codirector ejecutivo encargado de Transparencia por Colombia es común percibirlo en las campañas políticas.  De ahí la necesidad de contemplar mayores controles desde la autoridades electorales.

“Una persona proclive a actos de corrupción busca favores que tengan efecto de manera ágil y que produzcan altos réditos. Lo que ha sucedido en los últimos años muestra que sí funciona, que eso sí paga”, enfatiza.

Complicidad

La corrupción no es un tema minúsculo. Uno de los aspectos que tienen en cuenta los responsables de estos actos es la posibilidad de unirse a otras personas, que como ellos, van por una ‘tajada del pastel’.

“No son pocos individuos los que buscan favorecer intereses personales, sino que hablamos de grandes redes que logran cooptar ámbitos para garantizar impunidad y tener cada vez más réditos económicos. Esto implica que muchas veces las investigaciones no puedan funcionar”, explica el funcionario.

Impunidad

La posibilidad de no recibir castigos sólidos y contundentes hace que los corruptos no midan las consecuencias de sus actos e incluso, no demuestren arrepentimiento. Sucede, en palabras de Andrés Hernández, “cuando se trata de un tema grueso, que no es tan visible pero involucra recursos financieros importantes. Tiene que ver con la dificultad que tenemos en Colombia para lograr investigaciones y sanciones mucho más efectivas”.

De la indignación a la acción

Para Transparencia por Colombia el país viene haciendo esfuerzos muy importantes en materia de reformas legales, aprobación de normas y creación de instituciones que contribuyan a la lucha contra la corrupción. No obstante, los ciudadanos que se indignan deben dejar la ‘zona de confort’ e incrementar sus aportes.

En ese sentido el mensaje es claro, no callar, porque lo que se están robando son los recursos de todos. Una opción básica, pero primordial, es reafirmar el voto.  

“Tenemos que redoblar los esfuerzos para que el voto sea consciente y sea dado a las personas que consideramos pueden hacer algo en beneficio general. Hay que saber a quiénes elegimos y pedirles cuenta de manera permanente”.

El denunciar es otro punto neurálgico, dice Hernández. “La denuncia, no solo en Colombia sino en muchos países de América Latina, genera prevención en aquellas personas que tienen conocimiento de casos de corrupción. Pero eso debe modificarse con mecanismos de protección que cobijen a aquellos que se atreven a quejarse”.

Lo ideal para luchar contra la mente sagaz de los corruptos, sería entonces combinar un acompañamiento del Estado con opciones de prevención y sanción por parte de los órganos de control y los mismos ciudadanos. “No solamente es decir estamos cansados, sino pedir cuentas y no bajar la guardia”, concluye Andrés Hernández.

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