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Foro Abierto

Han pasado diez días después de que Iván Duque fuera investido como sexagésimo presidente de Colombia, para el período 2018-2022.

Como parte de la agenda legislativa, Duque ha adelantado que buscará una reforma constitucional para que el narcotráfico y el secuestro no sean considerados “delitos conexos al delito político”. Aunque contará con mayoría en el Congreso, el exsenador enfrenta a una fortalecida oposición de izquierda y de centro, que ha dado muestras de que pondrá toda su energía a favor de la paz.

Precisamente la reconciliación entre los colombianos es uno de los retos más urgentes de la nación suramericana que ha visto cómo a pesar de la puesta en marcha de los acuerdos con la otrora guerrilla de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), los asesinatos de líderes sociales siguen a la orden del día.

El país mira asimismo a la consulta anticorrupción que tendrá lugar el próximo 26 de agosto, mientras se pregunta hasta dónde será el apoyo gubernamental en la intención de acabar con un mal tan extendido. En el horizonte también está la definición de la política exterior de la Casa de Nariño, sede presidencial, en Bogotá (capital colombiana), especialmente tras el anuncio de Bogotá de abandonar la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur).

Natalia Munévar, activista por la paz, remarca que el debate en Colombia está ahora mismo en la elección del contralor y curiosamente todos los candidatos vienen del uribismo.

Francisco Caballero, gestor social, subraya que el reparto de puestos en el Gobierno de Iván Duque será el primer pase de factura al nuevo presidente.

John Montoya, analista político, considera que Duque tiene muchos retos, pero el principal es demostrar a la ciudadanía que él no es Álvaro Uribe.

Alberto Pérez, activista político, asevera que la palabra que mejor resume la llegada al poder de Duque es esperanza y no sólo para los colombianos sino para toda Latinoamérica.

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