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La ciencia debe ser motor del desarrollo colombiano

Fuente: Razón Publica

No hay tecnología sin ciencia ni desarrollo económico sin tecnología, y aunque la ciencia en Colombia ha mostrado avances importantes en las últimas décadas, todavía debe superar varios obstáculos para contribuir al progreso económico

Klaus Jaff

Un largo camino

Uno de los pocos consensos entre los economistas afirma que la ciencia es la base para el avance tecnológico y este a su vez es el motor del desarrollo en las economías modernas. Sin ciencia entonces no hay desarrollo sostenido, y esto se ha comprobado empíricamente en economías avanzadas e intermedias de todas partes del mundo, incluyendo a América Latina, como muestra la revista académica PlosOne

A las puertas de un país en paz, con nuevas perspectivas y rutas hacia el progreso para más colombianos, cumplir el anhelo de una vida sin violencia e integrada al progreso global de innovación científica y tecnológica parece posible.

Colombia ha avanzado bastante en ciencia y tecnología en los últimos años, pero aún falta mucho por recorrer. El avance de la ciencia, medido por medio del número de publicaciones reportadas en ScImago (Figura 1) entre 2001 y 2011, ha sido impresionante. Sin embargo, desde 2011 el crecimiento ha disminuido y el país tiene dificultades para igualar la productividad científica de Chile, un país que tiene tan solo un tercio de los habitantes de Colombia.

Obstáculos para la ciencia

Una encuesta reciente realizada a los científicos más productivos y más citados internacionalmente de Antioquia reveló que los tres problemas más graves que amenazan el desarrollo de la ciencia en este departamento –y posiblemente en la mayor parte de Colombia– son (de mayor a menor):

  1. El exceso de burocracia y centralismo que entorpece la actividad científica;
  2. Los pocos recursos para la ciencia y
  3. La falta de estudiantes de doctorado.

La escasez crónica de capital humano calificado en Colombia, así como la renuencia a complementarlo con nuevas generaciones de doctores y con científicos extranjeros, afecta el desarrollo de los programas de innovación. La alarmante escasez de investigadores científicos con formación doctoral en Colombia es un freno importante para el desarrollo. Las regulaciones excesivas y detalladas no resuelven este problema ni son amigas de la innovación.

Un caso de éxito y sus retos

Acordar políticas concretas y efectivas para impulsar el desarrollo de la ciencia, la tecnología y la innovación en Colombia es fundamental. El caso de Medellín es visto en el mundo como una referencia exitosa de políticas de inclusión e innovación. Hay que asegurarse de que estas políticas estén bien ancladas y logren los objetivos buscados.

La institución más destacada en el desarrollo de estas políticas es la Corporación Ruta N, una institución creada por la Alcaldía de Medellín, UNE y Empresas Públicas de Medellín (EPM) en 2009 con el ánimo de consolidar una economía del conocimiento y favorecer el emprendimiento y la innovación en esta ciudad.

Ruta N es considerada la institución gubernamental más efectiva en promover la innovación en Medellín. Sería fácil para ellos dormir en sus laureles, pero tienen una ardua tarea por cumplir. Lograron ubicarse de forma preeminente en Medellín, Colombia y el mundo y por eso merecen toda nuestra admiración. Tienen brillantes posibilidades, pero también hay peligros que acechan a la política de innovación de Medellín y de Colombia. Las debilidades de Ruta N que comenta la comunidad científica incluyen:

  • Iniciativas dispersas y burocratización del quehacer diario a expensas del fomento de conocimiento y del trabajo en equipo. Ruta N ya muestra síntomas de exceso de burocracia y una formación gerencial insuficiente de sus líderes. El éxito a veces lleva a la arrogancia que fomenta la ignorancia, y esto puede llevar a la fosilización de la innovación y el desarrollo. Este fenómeno es común en América Latina, pero por la importancia de su objetivo y por el reconocimiento que les ha hecho el mundo Medellín y Ruta N deben enfrentar el reto de superar esta limitación.
  • Ruta N debe ser más activa en involucrar a investigadores y universidades regionales, nacionales e internacionales en el proceso de innovación si quiere que sus políticas tengan un éxito sostenible.

El miedo a la verdad

Un síntoma de subdesarrollo es el poco respeto por la ciencia, el conocimiento y la realidad. La improvisación y la prebenda política no pueden suplir las habilidades técnicas y científicas, y no hay progreso posible si nos negamos a ver la realidad, aunque no siempre nos favorezca.

Un ejemplo concreto de esto es la restricción en el uso de la información que recauda Ruta N con las encuestas que realiza sobre el sistema de innovación en Medellín. Tuve la oportunidad de estudiar los datos de esta encuesta y de corroborar de manera estadísticamente robusta detalles muy interesantes de lo que encontré en mi exploración científica inicial. Desafortunadamente, la gerencia de Ruta N no me autoriza a publicar los datos de mi análisis.

Este entorpecimiento burocrático de la investigación es compartido por otras instituciones gubernamentales en Colombia, como el Instituto Nacional de Estadística. En sano contraste, en la Encuesta Nacional de Seguridad Alimentaria y Nutricional –realizada por la Universidad Nacional de Colombia, el Ministerio de Salud y otras instituciones– se contó con una importante participación de investigadores nacionales y extranjeros, se mantuvo una transparencia total en su proceder y se dio acceso libre a los datos recolectados.

Esconder los defectos inevitables de las políticas de innovación no los hará desaparecer, solo entorpecerá el progreso y se provocarán retrocesos muy graves, pues únicamente conociendo los errores de un sistema es posible mejorarlo. Un ejemplo claro y muy cercano es la política social, económica y científica del gobierno de Venezuela, que de manera autoritaria pretende hacer desaparecer toda evidencia de su disparatada gerencia y con ello toda posibilidad de superar sus errores.

Colombia con ciencia tiene futuro

Las políticas científicas en Colombia deben ser transparentes y abiertas. Además, necesitan de ciencia e imaginación para conquistar un futuro apoyadas por las personas mejor preparadas que sea posible conseguir.

Colombia le demostró al mundo que se pueden rescatar la paz y el progreso cívico de las garras de la violencia. Le toca ahora conquistar los retos de la ciencia, la innovación y el progreso económico. Es importante para todos que lo haga de manera exitosa y que supere las limitaciones que tiene, como ser el país con menos doctorados en ciencia y el menor porcentaje de residentes extranjeros en la región.

Igualmente importante es que le gane la batalla al clientelismo, el amiguismo y la prebenda política. Esto no se logra desviando los fondos asignados para la ciencia hacia otros propósitos, como lo reclama justamente la Contraloría de la República.

El portal Google Académico reporta que hay más de 875 investigadores muy productivos en Colombia. Aunque la cantidad de mujeres en este listado es tristemente bajo, este recurso humano, en conjunto con la diáspora científica colombiana, puede ser la semilla para acelerar el proceso de modernización del país. Hace falta que el sistema de ciencias se organice –podría ser, quizás, por medio de la Asociación Colombiana para el Avance de la Ciencia y la academia– para que su voz sea escuchada y sus capacidades aprovechadas en favor de todos los colombianos.

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