• Escríbenos a nuestro Whatsapp: 316 764 20 88

LA CRISIS MIGRATORIA – Estudios de Política Exterior, Madrid

[et_pb_section admin_label=»section»][et_pb_row admin_label=»row»][et_pb_column type=»4_4″][et_pb_text admin_label=»Texto» background_layout=»light» text_orientation=»left» use_border_color=»off» border_color=»#ffffff» border_style=»solid»]

El área Schengen en peligro
“Si Europa no controla sus fronteras exteriores, regresarán las fronteras nacionales, los muros y las alambradas”, advirtió François Hollande en su solemne discurso ante la Asamblea Nacional y el Senado en Versalles, donde anunció las medidas que adoptará su gobierno para combatir al Estado Islámico/Daesh tras los atentados de París del 13-N.
Desde el 11-S, Estados Unidos ha gastado una media de 47.000 millones de dólares anuales en seguridad interior pese a que disfruta de una posición geográfica envidiable, fronteras bien resguardadas y una colaboración estrecha con Canadá y México. Europa, en cambio, ni siquiera parecía muy consciente de los riesgos que implica su situación geopolítica. De hecho, en una reciente entrevista, Hans-Dietrich Genscher, exministro de Exteriores de la RFA, dijo que lo positivo de la actual crisis de refugiados es haber hecho conscientes a los alemanes de que “son vecinos del Mediterráneo”.
Si la UE quiere preservar el espacio Schengen, la más visible manifestación de la unidad europea, debe actuar sin más dilaciones.Frontex, la agencia europea encargada de resguardar las fronteras exteriores comunitarias, ha advertido que necesita con urgencia más agentes para tomar las huellas digitales y registrar debidamente a los refugiados que llegan a territorio de la UE. A principios de octubre, Frontex solicitó 775 guardias fronterizos adicionales, pero hasta ahora solo ha recibido 320.
La propia supervivencia del espacio Schengen depende de la calidad de la información que comparten los cuerpos policiales de sus 26 países miembros. Un diplomático europeo destinado en Bruselas confesó al Financial Times que la UE tiene “fronteras abiertas pero no información abierta”.
La sola sospecha de que en los ataques de París pueda haber participado un terrorista sirio que habría entrado en octubre en Europa desde Turquía por la isla griega de Lesbos entre la marea de inmigrantes y refugiados, ha dado rienda suelta al miedo. Markus Söder, ministro bávaro de Finanzas, por ejemplo, ha advertido a la canciller Angela Merkel de que si el gobierno federal no controla las fronteras meridionales alemanas lo harán las autoridades de Baviera: “La era de la inmigración incontrolada ha terminado. París lo ha cambiado todo”, ha escrito en su cuenta de Twitter.
Por Austria han pasado en lo que va de año más de 500.000 huidos de Oriente Próximo y Asia, pero solo 70.000 –los que solicitaron asilo en el país– pasaron los registros debidos. En Alemania, a los refugiados se les toman las huellas dactilares y se les revisa la documentación, pero esos datos no son almacenados debido a las leyes alemanas de protección de la privacidad.
Así, no es extraño que en las últimas encuestas la ultraconservadora Alternative für Deutschland haya duplicado su intención de voto. Ante las escasas posibilidades europeas de influir sobre el curso de la guerra en Siria, es dentro de la UE donde se tiene que avanzar, sobre todo en los eslabones más débiles de la cadena. Robin Niblett, director del think tank londinense Chatham House, cree que si la UE se convierte “en una fuente de inseguridad, Schengen tendrá que suspenderse hasta que se arreglen las cosas”.
Gestionar la crisis migratoria desde el interés propio
MICHAEL A. CLEMENS Y JUSTIN SANDEFUR
Michael A. Clemens es senior fellow experto en migraciones el Center for Global Development (cgdev.org, Washington DC). Justin Sandefur es investigador en el mismo centro.
Más de 200.000 personas salieron de Hungría tras la revolución de 1956. La respuesta coordinada de 37 países transformó en inversión lo que parecía una carga. Resolver la crisis actual pasa por un acuerdo global que desmonte los campamentos e integre a los refugiados.
Los países suelen ayudar a los refugiados a huir de las crisis, motivados por una generosidad que rápidamente empieza a menguar. ¿Qué harían si, por el contrario, actuasen guiados por el mero interés?
Pensemos en András Gróf, un refugiado que entró ilegalmente en Austria desde Hungría acompañado de un traficante de personas, tras atravesar a la carrera una llanura pantanosa resguardándose bajo el manto de la noche. András viajó sin su familia, sin título universitario y con apenas 20 dólares en el bolsillo. En su tierra presenció la llegada de los militares y fue testigo de la violación de su madre y más tarde de la condena a otros jóvenes como él. András huyó por la misma razón que tantos otros huyen de Oriente Próximo o de África: aun sin existir amenazas inminentes contra su vida, el futuro de su país estaba adquiriendo un cariz dantesco.
Pero András no llegó a Austria en 2015, sino que escapó de Hungría junto con otros 200. 000 refugiados en 1956. La respuesta global a aquella primera oleada inmigrante que barrió Europa occidental debería ser una referencia para la comunidad internacional hoy. Muchos de los que llegaron entonces no eran cristianos y la mayoría eran trabajadores no cualificados.
En un acto de aparente generosidad, 37 países –desde Venezuela hasta Nueva Zelanda– se reunieron para planificar la acogida de la mayoría de las personas que habían huido de la revolución húngara de 1956. András viajó a Estados Unidos y, 10 años después, cuando ya se le conocía como Andy Grove, cofundó Intel. Nombrado “Persona del Año” por la revista Time gracias al revolucionario papel que desempeñó como presidente de la empresa, Grove colaboró activamente en el desarrollo de un sector industrial de incalculable importancia económica y estratégica. Otros húngaros llegados en esa misma oleada, también jóvenes sin formación, se convirtieron en artistas (como el gran director de fotografía László Kóvacs) o en líderes de su sector (como Steve Házy). Otras 40. 000 personas fueron compañeros de trabajo, vecinos y parejas de estadounidenses, fortaleciendo y enriqueciendo el país, con aportaciones que excedían en valor la ayuda recibida.
La historia de Grove arroja luz sobre algunas grandes verdades. Hay estudios recientes que dan la vuelta al relato habitual, según el cual las crisis migratorias deben abordarse, principalmente, frenando los conflictos y la pobreza que obligan a los migrantes a abandonar sus hogares, por un lado, y conteniendo la excesiva generosidad que los atrae a otros países, por otro. Sin embargo, los políticos más pragmáticos deberían, por el interés de sus países, darse cuenta de que a menudo despilfarran recursos intentando reducir las causas de la huida o “factores de presión”, y que, sin desearlo, pueden iniciar una carrera tan inhumana como ineficaz por un callejón sin salida al tomar individualmente medidas para reducir los “factores de atracción”. En este sentido, una cooperación internacional amplia que saque a las personas de los campos de refugiados y la integre en el mercado laboral permitiría transformar en inversión lo que hasta ahora se ha considerado una carga.

[/et_pb_text][/et_pb_column][/et_pb_row][/et_pb_section]

Etiquetas: , , ,

About The Author

Canal2

No Comments

Leave a Reply

Canal 2 Cali