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LA GALLINA DE MI MAMA

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Cali, 21 de Febrero de 2015

José Alberto Tejada Echeverri.

LA GALLINA DE MI MAMA

¡QUÉ GROSERÍA DE PAÍS MIJO!

Hoy cuando llegué a mi visita semanal, mi mamá estaba furiosa, conmigo y con todo el mundo. Casi no me deja entrar para empezar su cantaleta: “Oiga mijo, ¿Hasta cuándo este país de Dios seguirá acosado por escándalos, ultrajes, bochinches, que aturden y no sirven p’a un carajo, pues todo queda así no más?”.

“Vea, ahora resulta que ustedes los periodistas pueden sacar los videos de uno para hacer sus noticias, aunque esos videos solo sean de uno, solo le importen a uno. Pobre hombre, ese señor Ferro, qué vergüenza que todo un país, que todo el que quiera pueda ahora con esos celulares y tabletas, conocer sus conversaciones dizque sexuales. Mijo, pobre mujer y pobres hijos. No me imagino el dolor y la rabia y el desconcierto. Explíqueme mijo, ¿Por qué ustedes los periodistas hacen esas cosas, eso no está bien, pues si el hombre es así como dicen, pues déjenlo, si su mujer sabe o no sabe, pues déjenla, pero por Dios mijito, hasta dónde llegan ustedes con esos periódicos, con esa radio, con esa televisión y ahora con esas redes que llaman dizque sociales?”.

“Y más mijo. Se olvidan de esos hijitos. Seguro ese señor tendrá su mamá viva. ¡Qué dolor!. No hay derecho. Mejor tómese este café y explíqueme a ver si entiendo”.

Lío en el que se convirtió mi visita. Intenté explicarle desde mi punto de vista y desde mis convicciones, procurando usar palabras adecuadas para que me pudiera entender el mensaje:

Vieja, usted tiene razón. En mi opinión no era necesario este escándalo ante unos hechos que todo parece solo comprometen los gustos sexuales del señor Ferro. La periodista que publicó el video dijo que éste era una prueba reina que demostraba que al interior de la Policía y del Congreso había una red de prostitución homosexual. Francamente yo no encuentro en el video nada que demuestre esta afirmación. Además coincido con usted y con lo que sus vecinas opinan, que lo que ha ocurrido es una necedad producto de la arrogancia de unos periodistas, intentando hacernos creer que su enfermiza tendencia al chisme, es noticia, cuando no lo es, y en cambio si es, una estrategia abusiva de entrar a saco en la vida de las personas como si fueran el espíritu santo, viéndolo todo, juzgándolo todo, condenándolo todo.

Acepto vieja para su tranquilidad, que esto que ha ocurrido y que la tiene tan mal, no es periodismo, aunque lo parezca y aunque lo defiendan ciertos pontífices del oficio, particularmente quienes hacen cosas similares y se llevan de calle, reputaciones, carreras profesionales, familias, y hasta sueños de muchos de sus objetivos periodísticos.

Yo creo que como dicen los grandes del oficio, hay que ser primero buena persona, para poder ser después buen periodista. No encuentro posible que por audaz y astuto que sea un periodista, pueda hacer bien su trabajo, si no tiene en su corazón y en su cerebro una dosis suficiente de respeto por el buen nombre y por la dignidad de los demás. Si no es capaz de ponerse en los zapatos del otro, antes de lanzar torpedos mortales al aire.

Además vieja querida, el interés público, habla de lo que nos afecta como sociedad en su conjunto. Y en este punto no podemos equivocarnos. El hecho de que alguien ocupe un cargo público, no significa necesariamente que perdió su derecho a la intimidad y a la vida privada. Sus actos nos afectan desde el punto de vista del interés público, solo cuando con ellos, resultamos afectados como sociedad, por sus abusos de poder, por sus tráficos de influencias, por sus decisiones o actuaciones delincuenciales o criminales.

Por último vieja y para no cansarla más con mi discurso, me asombra que esos periodistas valientes para esculcar los gustos sexuales de los demás cuando no se parecen a los suyos, sean tan cobardes para esculcar los crímenes evidentes y/o disimulados, que tantos poderosos en el sector público y en el sector privado cometen a diario, dejando por ejemplo con hambre a los niños en la Guajira y en el Chocó –apenas si dicen generalidades sobre las “mafias” que se roban los alimentos de los niños-, pero no son capaces de poner los nombres propios de los capos de las mismas. O igual cobardía muestren cuando casi acurrucados frente al poder de turno, no se atreven a contarnos con nombre propio quienes se han robado a Emcali, o a Reficar, para citar solo dos casos emblemáticos del estropicio del que hablo.

Preocupa mucho vieja que los periodistas poderosos no se atrevan a investigar en profundidad a los paramilitares, a las bandas criminales, a los narcotraficantes, a los guerrilleros y a toda su red de estafetas, intermediarios, sicarios y ayudantes. Definitivamente en este caso, por lo menos hasta ahora y hasta tanto no se demuestren otras evidencias, no se está condenando al señor Ferro por criminal, sino por homosexual. Qué tristeza que en este país sea más ofensivo ser marica, que ser hampón.

“Gracias mijo –exclamó mi madre-, por su explicación. Quedo un poquito más clara con sus palabras, pero sigo igual de preocupada con esta grosería de país”.

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