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A ti no te trae al fresco

Tu trino no solo carece de coherencia, sino que también es irresponsable.

Nada más valiente que el Gobierno español decida retirar los restos de Franco del Valle de los Caídos para convertirlo en un lugar para la memoria de las víctimas del franquismo que también reposan allí. Tal vez muchos no sepan o no recuerden que durante este régimen se crearon campos de concentración, y que en ellos, junto con los disidentes políticos, también se marginó y se encerró a los homosexuales porque eran considerados degenerados, “ofensivos” y “retadores”.

Por fortuna, las ideas franquistas fueron desterradas de España, pero aún parecieran tener algunos lejanos ecos en Colombia, donde mi antigua vecina columnista decide condenar por “ofensivo” y “retador” un gesto amoroso que tuvo con su pareja la nueva alcaldesa de Bogotá. Si te parece exagerada la comparación, a mí me pareció completamente desproporcionado tu trino. Lo que los demás vimos es a una pareja feliz celebrando un triunfo que no es nada menor para Colombia.

Sí, querida Salud, tal vez haces bien en ver en este beso público entre dos mujeres un gesto político, pero este es un gesto político de inclusión, de diversidad, de reconocimiento de que en el escenario político, todos y todas tenemos cabida. Y, al contrario de lo que tú misma dices, a ti ese beso “no te trae al fresco” y lo encuentras ofensivo y retador para con una minoría. Entonces, Salud, por coherencia también debiste trinar ante todos los besos y todas las celebraciones de los alcaldes y presidentes con sus esposas, que, según tu lógica, debieron ser ofensivos y retadores para la minoría LGBT.

Por ello, tu trino no solo carece de coherencia, sino que también es irresponsable por lo siguiente: en Colombia, estimada vecina columnista, los homosexuales también sufrieron y padecieron los regímenes de odio de los grupos armados que resonaron durante mucho tiempo en nuestro país. Te invito a revisar el informe del Centro Nacional de Memoria Histórica ‘Aniquilar la diferencia’, que detalla lo que significa ser diverso en las regiones y cómo hombres y mujeres no podían darse besos en público porque corrían el riesgo de ser expulsados o violentados.

Algunas cosas afortunadamente han cambiado en este país, pero otras siguen vivas, y todavía en varias regiones de Colombia, tristemente, muchas personas no pueden darle un beso al hombre o a la mujer que aman. Las palabras pueden ser armas de guerra, y nosotros, los y las columnistas que manejamos la opinión, no estamos exentos de invocar el odio y la marginación.

¿Cuántas veces, en pleno franquismo, una pareja de hombres o de mujeres deseó darse un beso en público para celebrar un triunfo y no lo hizo por miedo a terminar en los funestos campos de concentración?

Sé que hacia 1950 esto debiera parecer una ignominia en la España franquista, pero los tiempos y el lugar ya no son esos. Es como si desconocieras el pasado, pero aun así insistieras en aferrarte a este; como si no aceptaras el progreso de la humanidad, que, ¿sabes?, está cambiando. Al contrario de tu trino, el discurso de la alcaldesa electa es un llamado a la unión y al trabajo conjunto entre jóvenes, hombres y mujeres, niños y niñas de esta ciudad sin distingo de sus creencias, sus orígenes o sus preferencias.

Te dejo, Salud, con una pequeña frase de ese discurso: “Hoy, Bogotá votó para derrotar el machismo y la homofobia. Que no les quepa la menor duda: el cambio y la igualdad son imparables”.

* Coordinadora del grupo Mujer y Sociedad

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