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Empresarios en su laberinto

Por: JORGE RUMIÉ

Hacer empresa en Colombia se está convirtiendo en una tarea titánica, de complicaciones inimaginables, y las quejas vienen de todos los sectores de la economía. “La sobrecarga de normas que tenemos con el Estado es agobiante”, me decía un empresario. “No hay forma de atender tantos requerimientos. Todos los días sale un nuevo permiso, una nueva reforma, una nueva obligación; con razón hay tanta informalidad en el país”, remató.

Otro empresario PYME se lamentaba: “Inicié una fábrica con seis operarios, un contador y un mensajero. Al poco tiempo me tocó contratar un nuevo contable para atender las exigencias tributarias. Luego vinieron nuevas contrataciones para abordar las exigencias laborales, de seguridad industrial y ambiental. Finalmente, como dos operarios se me engordaron de tanto hartar, me ordenaron reubicarlos por supuestos dolores en sus espaldas. ¿Puedes creerlo? Quedé con tres mensajeros y me quebré.”

Si me tocara relacionar las entidades públicas que debemos atender como empresarios, se me acabaría el escrito. Es interminable. Es una burocracia desbordada donde cada uno inventa sus propios normas y trámites para justificar su salario. El Gobierno habla de que debemos ser innovadores, pero vivimos entre abogados resolviendo problemas legales. Nos dicen que debemos abrir nuevos mercados, pero nos la pasamos entre asesores para entender las nuevas regulaciones.

Un día son las NIIF; el otro la factura electrónica; luego es el sistema de seguridad y salud en el trabajo; luego el programa de estilo de vida saludable; más otro para manejar los residuos sólidos; más la política de alcohol y drogas; más el plan de seguridad vial; más la protección de datos; más las jornada familiar semestral; más las consultas previas; más los aprendices del Sena; más estupefacientes; más la nómina en UGPP… en fin; y contrate expertos para llenar papeles. Por favor, ¿y en qué momento producimos?

El otro día un pequeño empresario me contó que no pudo trabajar, porque no había quién le cambiara un bombillo en su oficina. De sus quince empleados, el único que tenía permiso para “trabajar en altura”, tenía una incapacidad de tres meses por un dolor de codo de origen desconocido. “Imagínate, cada vez que visita al doctor – como buen actor de Hollywood – le arma un show de espanto”, remató.

Churchill decía: “Muchos miran al empresario como al lobo que hay que abatir; otros lo miran como la vaca que hay que ordeñar; pero pocos lo miran como el caballo que tira del carro.”

Opinión del Director Canal 2:

Esta es la realidad de los emprendedores y empresarios del común. Los micros, pequeños y medianos en todos los sectores de la economía. Los que además de ganas, de decisión y de unos pequeños y medianos capitales, no siempre propios, se arriesgan a iniciar empresas que terminan ahogadas en el mar burocràtico y de dificultades y desamparos que narra bien el columnista. Debemos entender que nos referimos a la inmensa mayoría de TRABAJADORES EMPRESARIOS, es decir, a quienes a diario se levantan a abrir su taller, planta de producción, almacén, oficina, parcela agrícola, restaurante, hostal, hotel, medio de comunicación, empresa de servicios de salud, de servicios de reciclaje, de servicios de recreación, de diseño, de montajes, de construcción, etc, etc, etc. No nos referimos a los que se hacen pasar por empresarios y que no son más que traficantes de influencias y de coimas, que simplemente montan supuestas empresas para aprovechar las oportunidades que les ofrece su cercanía al poder. Tampoco hablamos de los grandes empresarios que por obvias razones ya no están al frente de sus empresas, aunque algún día pudieron haberlo hecho y que hoy son esencialmente inversionistas de capital. Menos hablamos de multinacionales que trabajan con otras lógicas, con otras escalas y con otros poderes.
Lo fundamental de la reflexión es hacer notar que ese 98% de TRABAJADORES EMPRESARIOS que somos quienes generamos el puesto de trabajo que ocupan los TRABAJADORES EMPLEADOS y que además somos los que pagamos sí o sí, impuestos y todo tipo de costos de operación, no solo somos vistos como vacas lecheras por las ideologías dominantes, sino que además somos desvergonzadamente explotados por un establecimiento político y público, diseñado para vivir del ordeño de quienes a diario producimos la riqueza global del país, la que termina despilfarrada por quienes viven del «establecimiento» y que por tanto lo defienden con interés de parte.
El imperio romano en los años 600 D.C y la monarquía francesa en los años 1700D.C, cayeron en parte por la desobediencia civil liderada por el pueblo (trabajadores empresarios y trabajadores empleados)hartos de tanto abuso y de tanto desgreño. Va siendo hora que ejerzamos el soberano derecho a expulsar del poder a tanto bandido con corbata y con poderes de trámite y firma, va siendo hora de expulsar del poder a tanto inepto vividor de la riqueza económica, social, ambiental y cultural que a diario producimos los miles de compatriotas que mantenemos el país en pié.

José Alberto Tejada Echeverri
Presidente Corporación CECAN
Director Canal 2 TV Cali.
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