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La transmisión publica del CONSEJO DE MINISTROS:

Una estrategia de transparencia del presidente Petro ante el pueblo y una evidencia de la ruptura del gobierno.

“La democracia es que el Pueblo pueda vigilar, participar y decidir. “los conciliábulos secretos, los actos administrativos se toman entre las tinieblas. “Todo acto administrativo debe ser público y transparente o si no esto no es una democracia.” El Gobierno del Cambio debe profundizar la democracia por que casi no existe, hemos tenido una aristocracia que yo prefiero llamar es oligarquia, en donde en vez de Gobernar se hacen negocios, pues yo prefiero que el pueblo sepa que decimos nosotros, por que aquí no tenemos nada que ocultar y por que hay que demostrarlo, no solo decirlo”. “Un pueblo vigilante hace que la mentira política desaparezca que la doble moral y falta de franqueza desaparezca”. “Este Gobierno no se arrodilla”. Gustavo Petro.

Son muchas las voces y con distintas interpretaciones del resultado de la transmisión en vivo del Consejo de Ministros. Para muchos, un show mediático; para otros, un desastre más que demuestra el Presidente; y para otros, un tanto más informados y con mayor contexto político, esta fue una estrategia de transparencia del Presidente Gustavo Petro de cara al país.

Lo que para algunos medios parecía, en vivo, un reality de confesiones y diferencias entre ministros, el Presidente y su equipo más cercano (Laura Sarabia y Armando Benedetti), para otros fue un acto político que merece un análisis de los hechos más relevantes, donde se sacaron «cueritos al sol», se señalaron entorpecimientos en el proceso del proyecto de gobierno, se insinuó la existencia de agendas paralelas y de toda una estrategia perversa de la derecha que está infiltrada e interponiéndose para impedir avances; entre otros tantos juicios específicos en cada cartera ministerial.

El discurso de dos horas del Presidente sobre el contexto político de Colombia, en su clase magistral de historia y filosofía de la vida, tuvo como intención primaria destacar la virtud de la lucha social entre Simón Bolívar y Santander, para citar la historia de Colombia en el ejercicio político de hoy, en el que aún se mantiene en la sombra aristocrática y burocrática. Esto lo ejemplificó con la siguiente frase: “Quien en su corazón tiene codicia, está jodido”. No alejada la historia del presente, esto pareció la introducción a la puesta en evidencia ante el país de quién es quién; en otras palabras, de quién acompaña y promueve la propuesta del Gobierno de la Vida que ha encargado el pueblo y de quién está en contra del proyecto de gobierno, o al menos, no está comprometido.

Puede interpretarse como un acto de transparencia muy bien calculado por el mismo Presidente, quien logró ante el país demostrar que el incumplimiento de las promesas del gobierno que él representa no era su responsabilidad por falta de instrucción, sino de quienes tienen la obligación de ejecutar legalmente la transformación en las distintas carteras ministeriales. Dejó en evidencia el pobre desempeño, la falta de autoridad, otros intereses, ineficiencia en los mandos medios (viceministros y otros), la desarticulación de los ministros entre sí, la individualización, los egos y hasta la sospecha de aspiraciones electorales.

Al tomar la palabra Francia Márquez, Vicepresidenta de la República y Ministra de la Igualdad, expresó con firmeza y sentimiento la soledad y la falta de respaldo en la titánica tarea encomendada de crear la estructura de un ministerio desde cero, venciendo todas las trabas posibles para que su gestión lograra el cumplimiento de los objetivos. Quizá por racismo aún, por egos, soberbia y hasta egoísmo de clases, se olvidó el fin último y único interés: el pueblo. Con esto, la vicepresidenta expuso que, pese a los juicios e improperios contra ella durante su periodo, su tarea no desfalleció y que el Ministerio de la Igualdad ya es una realidad. Por fin inició la ejecución de su objeto social, trasladando beneficios a los territorios y sembrando así una gran expectativa.

Sin desaprovechar la oportunidad, la misma vicepresidenta manifestó ante el país su desacuerdo con la decisión del Presidente de reciclar a Armando Benedetti y premiarlo con el nombramiento como Jefe de Despacho Presidencial, así como su incomodidad con Laura Sarabia por entorpecer procesos. La Ministra de Medio Ambiente, Susana Muhamad, respaldó sus palabras, junto con otros colegas en el recinto. Señalaron a Benedetti de machista, de cometer violencia de género, de estar investigado y de hacerle daño al proyecto político. Como dijo el Director Nacional de la UNP, Augusto Rodríguez, ex M-19, él no podía permitir la expresión comparativa que hizo el Presidente entre Jaime Bateman y Benedetti. Añadió que Benedetti sí estaba investigado y hasta lo señaló de vínculos con alias “PITUFO”.

El Presidente, después de escuchar esta referencia, argumentó la razón del nombramiento de Benedetti y dijo: “Cada ser humano tiene algo que vale”, refiriéndose a Benedetti. “Aunque él no lo cree, no se ha dado cuenta de que tiene un toque de Jaime Bateman, la magia. No es lo mismo un cachaco haciendo política que un costeño haciendo política”. “La única razón por la que Benedetti está al lado mío es porque sí tiene una especie de virtud, que es ser loco, como lo era Bateman. Aunque no lo admita, la locura puede hacer revoluciones. La locura de Bateman fue no seguir los cartapacios sectarios del Partido Comunista de Colombia de esa época”.

Para entender el contexto de la referencia del Presidente, es necesario citar brevemente una descripción de Jaime Bateman, alias “El Flaco” o “Comandante Pablo”. Fue un exguerrillero colombiano, máximo líder del M-19, quien planteó la tesis de una lucha armada desarrollada en las ciudades. Creía que la lucha debía ser nacionalista, bolivariana y con el sentir americano. El 19 de abril de 1970 nació el M-19, y él se convirtió en su máximo líder. Para Bateman, la revolución era una fiesta; decía que los niños eran su gran aliado en ese gran Macondo que era Colombia. Tenía una enorme imaginación, fue un gran estratega, se convirtió en un hombre entregado, enamorado, un hombre muy colombiano, que se reía de la muerte, amante de la rumba y carismático.

Al citar la historia, podemos interpretar las palabras de Gustavo Petro cuando hace referencia a la diferencia entre un cachaco y un costeño haciendo política. Esto responde a la radiografía de la política tradicional oligárquica, burguesa y de pedigrí, basada en los intereses del centralismo político en la capital, alejada de la realidad de las regiones y de la sensibilidad de las necesidades de la gente, que históricamente han estado relegadas y condenadas al suplicio de un político cachaco que quiera y pueda hacer negocios políticos.

Visibilizar las regiones extremas del país, como la Costa, quizá representada para Petro por Benedetti, deja ver como oportunidad política la esencia caribeña en una mezcla de inteligencia y cultura con gran sentido y estrategia social. Esto fortalecería lo que ha propuesto el Gobierno del Pueblo, impregnando locura, riesgos, autoridad y hasta magia, como bien lo señala el Presidente, para lograr sincronizar y engranar el gabinete hacia una transformación real. Quizá con la claridad de entender el escenario político actual en Colombia, donde podría despertarse una revolución a consecuencia del despertar de los colombianos.

Mientras tanto, del otro lado comparado, “los cachacos”, que se muestran burgueses, oligarcas y de pedigrí, tradicionalmente han tenido la codicia en el corazón, como también lo señaló el Presidente, porque la política, según su interpretación, es poder particular, riqueza, capitalismo rampante, corrupción, violación de derechos, división de clases, etc.

Es bien sabido que Armando Benedetti es otro camaleón político: inteligente, estratega, frontal, de riendas tomar, arriesgado y con altísima capacidad de gestión. Es costeño. Su trayectoria política ha sido creciente, aunque muy discutida por sus posturas arriesgadas, su indiferencia a las críticas, los señalamientos de posible corrupción, violencia de género, machismo y muchas otras críticas que estarán en el tintero. Sin embargo, no se puede desconocer su papel en la llegada de Gustavo Petro a la Casa de Nariño y en medio de la soledad y de la ausencia estratégica del entorno del Presidente, se hace importante este cuero duro, más aún cuando lamentablemente ha sido evidente para el País, la inmadurez, la ingenuidad, la falta de autoridad, de coordinación y de gestión que hoy representan muchos de los jefes en el gabinete ministerial.

Sin embargo, sin justificar lo injustificable y, por otro lado, reconociendo las virtudes de Benedetti, el Presidente deja claro: “Benedetti aún se mantiene en sus cosas positivas, porque también hay que ver, todo hombre necesita una oportunidad”. El Presidente deja sentada su postura como una estrategia que traerá, con seguridad, muchísimos cambios de cara a la purificación de su gabinete de Gobierno y así cumplirle al pueblo.

Advirtió que el pueblo de Colombia tiene un Presidente revolucionario, pero el Gobierno NO, dejando el mensaje de la necesidad de una purga al interior del gabinete de Gobierno y así cumplirle al pueblo.

Concluye dirigiéndose a su gabinete: “Ustedes aquí tienen una pelea entre ustedes, unos benedetistas y otros antibenedetistas. El Presidente no se deja encerrar, no se deja encerrar”.

Con este último mensaje el Presidente planta postura ante el País y demuestra que esto responde a una estrategia de transparencia y fortalecimiento del Gobierno del Cambio, pero también cabe la posibilidad de considerar que este acto con Benedetti puede ser una forma limpia y transparente  de desmarcarse de él, si este personaje es llamado ante la justicia y es judicializado, por que sin duda alrededor de su presencia existen grandes incógnitas de su participación y lealtad al proyecto, su honestidad y transparencia en las formas de hacer política están en duda para los Colombianos. No es claro su lugar, su poder, y su posible chantaje para mantenerse alrededor del control en el Gobierno.

Para todos los efectos, el Presidente sigue siendo un gran estratega que no da puntada sin dedal.