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Más allá de lo científico, la problemática ambiental es política

Fuente: Las2Orillas

Al preguntar por ejemplos de problemática ambiental, la mayoría de personas responden casi siempre con problemas de tipo ecosistémico, como contaminación de aguas, deterioro de ecosistemas y de biodiversidad, extinción de flora y fauna, erosión, contaminación atmosférica, contaminación de suelos, deforestación, alteración del paisaje, etc., y muy pocas veces hacen referencia a otros problemas ambientales de tipo público-institucional (v.g. políticas públicas inadecuadas y/o ineficientes, corrupción, etc.) o de tipo económico (v.g. detrimento patrimonial, agotamiento de recursos naturales no renovables, etc.), y mejor aún, de tipo social (v.g. vulnerabilidad multidimensional, detrimento de la calidad de vida, desempleo, pobreza, etc.).

Por supuesto que la problematica ambiental es mucho más compleja que los solos problemas ecosistémicos, que, aunque sean los primeros en evidenciarse, son solo la “punta del iceberg” de dicha problemática, generada siempre en la interacción e interdependencia de los seres humanos con los bienes y servicios ecosistémicos. Claro está que también se genera problemática ambiental como consecuencia de fenómenos naturales como el volcanismo, la sismicidad, los deslizamientos, las crecientes, las avalanchas, los tsunamis, los incendios, etc., fenómenos que deberán ser adecuadamente considerados, más aún si involucran al ser humano y/o a su entorno institucional, económico, social y ambiental.

Luego de una sucinta pero esencial mirada epistemológica a las dos más grandes cosmovisiones culturales que intentan explicar el Universo actual, se reflexiona alrededor de la cosmovisión evolutiva que plantea la ocurrencia de un largo proceso evolutivo de cerca de 14.000 millones de años desde el Big Bang, caracterizado a través de cuatro grandes emergencias evolutivas (materia simple, materia compuesta, vida-ecosistemas, ser humano), que permitieron la conformación del universo, con sus millones de galaxias y estrellas, entre ellas el sol y su sistema de planetas circundantes, incluida la Tierra, generadora y soporte de todas las formas de vida hasta ahora conocidas.

 Esta mirada evolutiva permite un acercamiento al orden ecosistémico, para entender que desde mucho antes de la aparición del hombre sobre la Tierra ya existía un orden natural, caracterizado por un conjunto de leyes naturales y factores ecosistémicos, que regían desde hace 3.500 millones de años el comportamiento y funcionamiento del Universo y que garantizan la vida en el planeta. Permite también un acercamiento a la Cultura, como emergencia evolutiva actual y como experiencia Homo Sapiens en la naturaleza, huella histórica de la “gestión” humana que durante los últimos 350.000 años se ha venido configurando como una nueva fuerza evolutiva, capaz de transformar y modelar no solo las condiciones ecosistémicas del planeta Tierra, sino las condiciones ambientales del mundo actual.

A la luz de esta experiencia es posible identificar aquellas grandes acciones humanas que caracterizan la civilización actual (crecimiento poblacional exponencial, concentración de riqueza y poder, uso y/o explotación inadecuada de recursos naturales, generación y disposición inadecuada de residuos), acciones que ponen en evidencia un gran cúmulo de problemas ambientales, que a su vez se traducen en un aumento generalizado de las condiciones de vulnerabilidad multidimensional (pública-institucional, económica, social y ambiental) de la población, que atentan directamente y ponen en alto riesgo la sostenibilidad de la especie humana y la vida misma en el planeta.

Al margen de los problemas ambientales generados por fenómenos naturales, es posible comprender que la especie humana, quizás por su corta existencia en el cosmos, ha venido siendo incapaz de controlar adecuadamente aquellas acciones que transgreden el natural orden ecosistémico, y por lo tanto, se ha vuelto generadora y portadora de una inconveniente situación de “plaga”, que caracteriza el gran desorden cultural de la civilización actual, imbuida en el individualismo y economicismo de su insostenible modelo de desarrollo, que la hacen ver como “un travieso bebé cósmico que aún se hace pipí y popó en la cuna”, poniendo en riesgo sus posibilidades de crecer, ser niño, ser joven, ser adulto, y por qué no, nacer al Universo.

No se trata de eximir a los seres humanos de su responsabilidad ambiental, y por gracioso que parezca, es fácil evidenciar que en el contexto espacio-temporal y evolutivo del Universo, la especie humana, a pesar de su capacidad de auto consciencia y gran potencial de inteligencia, adolece aún en alto grado, de la organización, experiencia y conocimiento suficiente sobre el cosmos, sobre los ecosistemas y sobre si misma, para trasegar de manera sostenible el tramo evolutivo actual que le corresponde.

De lo que se trata entonces es que, con su autoconciencia e inteligencia, la humanidad logre “gestionar” el suficiente paradigma ético, científico, tecnológico y productivo de conocimiento y experiencia, que garantice su ordenada, equilibrada y equitativa permanencia institucional, económica, social y ambiental en la Tierra y por qué no, en el cosmos.

Ojalá no sea demasiado tarde para madurar, pues quiérase o no, paradójicamente “la humanidad es la misma que atenta contra la vida misma”, y por lo tanto, la comprensión y solución de la problemática ambiental actual deberá recurrir a nuevas opciones epistemológicas que permitan el estudio integral y sistémico de la naturaleza, opciones que circunscriben las ciencias ambientales, nueva área transversal del conocimiento, en mora de ser adecuadamente desarrollada.

Sin alarmismos catastrofistas y por el contrario con un gran optimismo y esperanza por un futuro mejor para la Humanidad, queda claro que, quiérase o no, una parte de la solución a la insostenibilidad del Mundo actual llevará necesariamente a un fuerte control poblacional, ya sea natural o antrópico, pero que en cualquier caso y como siempre ha ocurrido, afectará normalmente la población más débil o vulnerable.

En términos prácticos, la búsqueda de la sostenibilidad o permanencia de las poblaciones en el Mundo actual, podría configurarse como una gran maratón de naciones, todas en pro del desarrollo sostenible, que les permita disminuir sus vulnerabilidades institucionales, económicas, sociales y ambientales, y donde las menos vulnerables estarán en los primeros lugares y con menor riesgo de morir o desaparecer.

Por supuesto que los países más desarrollados (la gran minoría) no tendrían muchas dificultades en dicha maratón, pues, a pesar de que muchos de ellos han construido su desarrollo a costa del sacrificio, la expoliación y la esclavitud de las naciones más vulnerables, actualmente han logrado un adecuado marco institucional de políticas públicas, que bien o mal, orientan, dinamizan y articulan la senda de su desarrollo sostenible. No se puede decir lo mismo de los países en desarrollo (la mayoría), particularmente los países latinoamericanos, para quienes bien vale preguntarse:

  • ¿Cómo cambiar y mejorar dichas políticas públicas, en unas naciones y Estados que históricamente se han caracterizado por ser excluyentes y no representativos de la población?
  • ¿Cómo cambiar y mejorar dichas políticas públicas en unas naciones y Estados que han sido construidos de manera incidental cual “colcha de retazos” según los intereses de una enquistada clase económica influyente y favorecida?
  • ¿Cómo cambiar y mejorar este tipo de Estados inmediatistas con políticas públicas que varían según los intereses de los grandes grupos económicos (nacionales e internacionales) y los compromisos burocráticos de cada gobierno de turno?, y en definitiva,
  • ¿Cómo cambiar y mejorar este tipo de Estados centralistas sin visión de futuro, sin un ordenamiento territorial (político, administrativo, económico, social y ambiental) adecuado a sus condiciones y posibilidades ecosistémicas y culturales, y más aún, sin políticas públicas estatales, de mediano y largo plazo, diferenciales y específicas a cada gran categoría ecosistémica y cultural?

La respuesta a estos interrogantes habrá que buscarla en la historia de cada nación, pero en la práctica, a futuro habrá que construirla en la concepción misma de las políticas públicas, que como vectores del “desarrollo”, obedezcan a la visión, participación y consenso de toda la sociedad, para que orienten, dinamicen y articulen la gestión hacia el logro del desarrollo sostenible, es decir, hacia la minimización y/o eliminación de las vulnerabilidades institucionales, económicas, sociales y ambientales del mundo actual.

Pero no una sociedad cualquiera, sino a una sociedad informada, que haya aprendido y entendido que los intereses colectivos deben primar siempre sobre los intereses individuales, y que, para garantizarlos, al margen de cualquier consideración y manifestación política que les sea contraria, es fundamental la aplicación mínima de unos principios éticos de respeto y responsabilidad con el medio ambiente.

Conclusiones

Como resultado de las anteriores reflexiones, se evidenca que la problemática ambiental actual es inherente a la especie humana, la que a pesar de su capacidad de auto consciencia y gran potencial de inteligencia, adolece aún en alto grado, de la organización, experiencia y conocimiento suficiente sobre el cosmos, sobre los ecosistemas y sobre si misma, para trasegar de manera sostenible el actual tramo evolutivo que le corresponde y que la hacen ver (a la especie humana) como “un travieso bebé cósmico”.

Aunque la problemática ambiental se configura entre el orden ecosistémico y el desorden cultural, más que una problemática de carácter técnico y científico, corresponde a una problemática de carácter político y de gestión, que, se origina en el descontrolado crecimiento poblacional, se potencializa en el injusto e inequitativo ordenamiento y acceso a los bienes y servicios de todo tipo por parte de la sociedad, se materializa en una vulnerabilidad generalizada de dicho bebé cósmico, que pone en riesgo sus posibilidades de crecer, ser niño, ser joven, ser adulto, y por qué no, nacer al universo.

En consecuencia, la problemática ambiental está relacionada directamente con los paradigmas y modelos de desarrollo del mundo actual, y más aún, con las políticas públicas que orientan, dinamizan y articulan la gestión del insostenible modelo de desarrollo, caracterizado casi siempre por acciones antrópicas de “concentración”:

  • Concentración de población en grandes centros urbanos y por supuesto, en los cinturones de miseria que conllevan.
  • Concentración de riqueza y poder en unos pocos que históricamente se han arrogado el uso y/o explotación de los bienes y servicios ecosistémicos.
  • Concentración de contaminantes que sobrepasan las tasas de resiliencia de los ecosistemas receptores como consecuencia de la generación y disposición incontrolada de residuos líquidos, sólidos y gaseosos.
  • Concentración de mitos mediáticos que a su vez concentran cosmovisiones metafísicas y religiosas amañadas.

La solución será pues a través de la formulación, implementación y desarrollo de políticas públicas diferenciales para cada jurisdicción territorial y/o sectorial, que orienten, dinamicen y articulen la gestión de la sociedad hacia estados colectivos o sistémicos, que permitan desconcentrar de manera efectiva la presión antrópica sobre el medio ambiente, mitigando y/o eliminando las diferentes vulnerabilidades que aquejan la sociedad actual y encauzando la senda del desarrollo sostenible.

 

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